“Parece que Peña Nieto intenta demostrar que es igual de sangriento que Trump”

Tlatlaya, Ayotzinapa, Apatzingán, Tanhuato, Ostula, Nochixtlán, Ixmiquilpan y ahora Nayarit.

El jueves pasado un helicóptero de la Secretaria de Marina abrió fuego desde el cielo contra una residencia en Tepic, Nayarit. Cayeron fallecidos cuando menos doce supuestos narcotraficantes. La Marina no ha informado sobre la identidad de los fallecidos, mas conforme con ciertos reportes, entre las víctimas hubo menores.

Las escenas recuerdan los operativos de los EE.UU. en Yemen, Afganistán o bien Irak en que se dispara de forma indiscriminada contra los presuntos “contrincantes” sin primero descubrir sus identidades.

Aun cabe la hipótesis de que el operativo hubiese sido ordenado y operado de manera directa por soldados estadounidenses. Es esencial rememorar que las fuerzas armadas no tienen el derecho de actuar de igual modo que los criminales.

Nuestra Constitución prohíbe la pena capital y garantiza a todos y cada uno de los ciudadanos el derecho a la presunción de inocencia y el debido proceso. Las ejecuciones extrajudiciales no tienen sitio en el marco de un Estado de Derecho.

Si la procuración de justicia no sirve para detener y desarmar a los criminales, la contestación no ha de ser ¡Mátenlos en caliente! Ni la militarización del país, sino más bien una profunda limpieza de las instituciones desde una transformación política de fondo.

Mas la nueva Ley de Seguridad Interior busca sostener y legalizar la presente estrategia sanguinaria y violenta. Semeja que Peña Nieto procura probar que es igualmente sanguinolento que Trump. Hay que pararlo.